dos días

Relatos olvidados (Vol. 3)

Volvemos con una nueva entrega de esos relatos que publiqué hace años y que, para muchas de las personas que me leéis desde no hace tanto tiempo, han quedado en el olvido, enterrados bajo las nuevas publicaciones y relatos. Para que no tengáis que sufrir en vuestras carnes la odisea descendente hacia el inframundo de las entradas antiguas, las rescato aquí, como hice en las dos entregas anteriores, Relatos olvidados (Vol. 1) y Relatos olvidados (Vol. 2).

Hoy os presento “La sutura perfecta”: un relato sobre lo difícil que resulta enterrar la culpa y el coste que puede tener intentarlo a la desesperada. Y “Dos días”: o cómo juntar en una historia el refranero popular y el fin del mundo.

 

La sutura perfectaLA SUTURA PERFECTA

Ramón despertó sobresaltado, había escuchado un golpe seco en el exterior, al otro lado de la ventana de la habitación. Se giró hacia la mesilla y observó los dígitos rojos que flotaban en la oscuridad: eran las dos menos diez de la madrugada. Pensó que se trataba de un sueño y trató de seguir durmiendo. Después de unos minutos de marejada de sabanas y mantas, decidió salir a mirar.

 Accedió al pequeño jardín rodeado por el muro de cemento. Lo que observó a continuación le aceleró la respiración. A menos de dos metros de la fachada, bajo la luz de la intermitente farola, había una bolsa negra de al menos dos metros de longitud. Era de un plástico resistente y tenía una cremallera en la parte superior de la que tiró tras un instante de duda. Observó el contenido y… (seguir leyendo)

 

DOS DÍASDos días_Imagen refranes

Fue conocida la gente de Villarrefrán por su ingenio y agudeza. No menos conocidos fueron por la mansedumbre y el pulcro respeto por las leyes. Se dice que cumplían con escrúpulo los mandatos municipales, o cualquier directriz que fuese o pareciese ser emitida desde cierta autoridad. Era también gente de poca discreción: uno podía decir, en aparente intimidad, algo que unos minutos después era tema de conversación en la plaza del pueblo o en el bar de Manolo.

Un día el notario le dijo a un cliente: “Ten cuidado con lo que deseas. Podría hacerse realidad”. Fue a partir de ese momento cuando comenzaron a suceder los hechos que se narran… (seguir leyendo)