concurso literario

El ciclista invisible

El ciclista invisible 5Ayer paseamos juntos por octava vez. Tomé la decisión de salir con ella cuando supe lo de mi padre. La confianza aumentaba a cada paso y la taquicardia y la sudoración iniciales habían dejado espacio a una seguridad volátil pero cierta. Mi mano, que los primeros días sujetaba insegura la suya, se apoyaba ahora con descaro en su parte trasera. Creo que ya estaba preparado, mañana sería nuestro gran día. De hecho, tenía que serlo. A mi madre y mis hermanos no les iba a gustar, pero hacía demasiado tiempo que no les agradaba nada de lo que yo hiciera como para que eso me importase.

Nos detuvimos un instante, quise volver a comprobarlo. El sonido seguía ahí: cli, cli, cli…

La primera vez que lo escuché fue el verano en el que mi padre puso los ruedines a la pequeña bici de paseo. La colocó en el suelo con las ruedas hacia arriba, apoyada sobre el manillar y el sillín. Al percatarse de que, mientras él ajustaba las tuercas, yo empezaba a aburrirme, hizo girar el pedal con una mano y acto seguido lo soltó. Me maravillé al ver que la rueda trasera seguía dando vueltas como por arte de magia, como si un ciclista invisible manejara la bicicleta saltándose todas las normas de la física. El eco de la rueda acompañó la sonrisa cómplice de mi padre. Se trataba de un sonido nuevo para mí, pero extrañamente familiar. Tal vez me recordara a la lluvia al golpear la tierra húmeda, o quizás al insistente rumor nocturno de los insectos agazapados en la espesura. Siempre resuena conmigo, como un acúfeno que acompaña al vil recuerdo.

Aquella misma tarde estrenamos la bicicleta. Fuimos al descampado de las afueras: el único espacio abierto en aquella populosa y accidentada villa. Eran los años sepia, del hierro y la heroína, y jugábamos ajenos a la preocupación por (más…)

¡Finalistas del IV Certamen de relatos cortos ilustrados Kazeta-Bao!

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Mi amiga e ilustradora Amaia Ballesteros y un servidor hemos sido seleccionados, por segundo año consecutivo, finalistas del certamen Kazeta-Bao de relato + ilustración. Este año la temática se movía en el entorno de la ciencia-ficción y la distopía. El lema del certamen era “Bilbao 2984” haciendo clara referencia al 1984 de Orwell.

Junto con nuestro relato “Bilbao, 800 B.A.”, el jurado ha seleccionado otros 18 trabajos finalistas que han sido expuestos en las paredes del bar Kazeta de Bilbao (para que la gente pueda leerlos y votar por su favorito). En septiembre se llevará a cabo la entrega de galardones en la que se darán a conocer los ganadores del premio del jurado y del público.

Nosotros en este caso dejamos la distopía de lado y nos pasamos a la utopía: ¿repetiremos el gran resultado de hace un año?

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Pulsa aquí para ver la entrada de la entrega de premios de la edición de 2016.

 

 

 

 

Cuando llegue el momento os contaré por aquí cómo termina esta historia y compartiré con todos el relato y la ilustración que cuentan una historia sobre un Bilbao distinto (o quizás no tanto): el de 2984. Una historia de amor en un futuro muy lejano.

La suerte está echada. Mientras tanto, sed buen@s,

EL GRAN HERMANO OS VIGILA

😉

 

Andoni Abenójar