Microrrelato

¡PRIMER PREMIO EN EL 3º CERTAMEN DE RELATOS CORTOS ilustrados KAZETA-BAO!

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Anoche en el Bar Kazeta de Bilbao se llevó a cabo la entrega de premios del 3º Certamen de relatos cortos KazetaBao. Bajo el lema “Erotismo y sensualidad en Bilbao”. El reto consistía en escribir un microrrelato acompañado por una ilustración.

Después de un rato de nervios e incertidumbre compartido con amigas, también galardonadas, de la asociación literaria El espíritu de la Alhondiga, el conductor del evento anunció el plato fuerte de la noche: el primer premio del jurado.

And the Oscar goes to…

Y así fue que La columna 44, relato escrito por mi e ilustrado por mi amiga Amaia Ballesteros, se alzó con el galardón.

A continuación os dejo el relato e ilustración premiados.  (más…)

El olor de la granada

El olor de la granada5

Llevo meses encerrado. Hoy las paredes que me rodean apenas me dejan espacio. La tortura es intensa. Comenzó siendo burda, más obvia, menos dolorosa. Se asomaba, en aquella especie de tragaluces, una versión estática de ella. Su imagen me causaba una gran aflicción: hablaba de lo feliz que era antes y me recordaba todo lo que ya no podía hacer: viajar, reír, abrazar, jugar, amar.

Decidí tapar aquellas claraboyas con la esperanza de que dejaran de atormentarme, y, para mi sorpresa, así fue. Sin embargo las nuevas técnicas de tortura fueron aún peores. Un día al otro lado de la pared escuché nuestra canción. ¿Cómo podían conocerla?

Mi mente viajó a aquel aparcamiento cerca de la playa de Genoveses, en Cabo de Gata. La canción sonaba en la furgoneta y nosotros bailábamos fuera, ebrios de vino y amor. Sentía su piel cálida y salada, la miraba a los ojos sin atreverme a pestañear, sin apartar la mirada temiendo que, de hacerlo, ella fuera a desvanecerse. Una imagen fugaz que pronto se transformó en oscuridad y desconsuelo.

Repitieron este proceso varias veces durante las siguientes semanas. Pero lo peor estaba por venir. Ayer percibí un olor familiar. Era su olor (más…)

La sonrisa escondida

Mona Lisa 10Detrás, el paisaje con el lago y las montañas poseía una gran belleza, sin embargo, apenas perduraba como un recuerdo difuso, neblinoso. Ella prefería mirar al frente. Cada día, sus cansados pero ávidos ojos se deleitaban con las más hermosas obras: retratos de vivos gestos llenos de expectación, curiosidad o tristeza; perfectas danzas de cuerpos y miradas disfrazadas de sutil imperfección; poderosas notas al aire de una discusión disimulada o la suave melodía de unas palabras de amor susurradas al oído.

Pese a que no siempre discernía por completo el significado de lo que observaba, sentía que aquellos enigmas, formaban parte de su propio misterio.

Todas las noches se apagaban las luces y Lisa esperaba, inmóvil, en aquella pared imaginando las maravillas que disfrutaría al día siguiente. Cada mañana, cuando las luces se encendían, apretaba con decoro los labios intentando ocultar una sonrisa de curiosidad.

Andoni Abenójar

Final alternativo

El volumen de la banda sonora aumenta y el abrazo se rompe. Él la observa, inmóvil, mientras se aleja calle arriba asolada por las sombras del fundido en negro. Los títulos de crédito escalan la pantalla, lánguidos, como si no quisieran perderse en el borde superior. En la sala, las bocas selladas anuncian ojos vidriosos.

Lidia, sin embargo, parece desconcertada. A su lado, el chico que había conocido la noche anterior permanece atento.

—¿Lo ves? Ahí estoy —señala con el dedo las minúsculas letras.

Ella lee la frase:

“Nuestro agradecimiento al pueblo de Cangas de Morrazo y en especial a Pablo, el camarero del restaurante Anuska, por su paciencia y los menús improvisados a deshoras”.

—Te lo dije —susurra ufano—. Salgo en la peli.

Las luces se encienden iluminando muchas caras largas y dos grandes sonrisas.

 

Andoni Abenójar

Como un Picasso en el desván

Todos los días, Ana bailaba durante horas ante la despierta mirada de su gato. Llevaba años esforzándose por mejorar la técnica. Había tenido los mejores profesores: famosos bailarines y prestigiosos coreógrafos. Todo ello, por supuesto, a través de los vídeos que encontraba en internet. Salía de casa solo si era estrictamente necesario, y una vez al año, en navidad, cuando se juntaba con la familia para interpretar su papel de frágil muñeca por el que tantos elogios recibía.

Vivía en un piso cuya estancia de mayor tamaño usaba como lugar de ensayo. Los espejos de aquella sala eran los únicos en los que no veía reflejados sus asimétricos y enormes ojos, ni la cara de angulosos rasgos. (más…)

Área de descanso

Imagen_Relatos olvidados (Vol. 2)Era un día lluvioso en la autopista entre Zaragoza y Logroño. Ella disfrutaba de cada curva y no dejaba de jugar con la palanca de cambios. El cinturón de seguridad le molestaba, pero no quería correr riesgos. La carretera estaba cada vez más húmeda, y la goma resbalaba a ratos con el piso produciendo en ella una vertiginosa sensación de pérdida del control.

Después de un tramo sinuoso y lleno de cambios de rasante, ascendió una gran pendiente cuyo final parecía no llegar. Hacía fuerza con brazos y piernas, como si quisiera acelerar la llegada. Poco a poco alcanzaba la cima al límite de sus revoluciones. Cuando coronó las alturas, su cuerpo se relajó y disfrutó de una suave y recta cuesta abajo.

En aquella área de descanso, ella y su acompañante, un autoestopista irlandés, se dieron cuenta entre jadeos de que se les había roto el preservativo.

Treinta años después, Álex, del equipo de mantenimiento de carreteras, detiene la mirada por unos instantes en cada área de descanso y maldice su pelo rojo. Lo hace cada día, desde que su madre le contara la verdad.

 

Andoni Abenójar

Pelusas azules

Pelusas azulesLas noches de domingo solíamos ponernos una película tumbados en la cama. Casi siempre la veíamos en dos tiempos. Las caricias hacían que nuestra atención no tardara en desviarse de la pantalla hacia nuestros cuerpos. Después, aún entre jadeos, rebobinábamos hasta el punto en el que habíamos perdido el hilo de la historia. Todas las películas, incluso las tristes, nos hacían sonreír. Es en la primera parte, la de las caricias, en la que ella adquirió la costumbre de pasar la mano por mi ombligo y escarbar con su dedo corazón. A veces, sacaba una pequeña pelusa azul con la que jugueteaba delicadamente unos instantes, antes de dejarla en su mesilla. A pesar de que me gustaba presenciar aquel ritual cada vez que ocurría, he de reconocer que no le di importancia hasta que sentí su ausencia. (más…)

Recuerdos sin nombre

Recuerdos2Ayer olvidé lo que más me gustaba del verano. Sabía que había algo que amaba por encima de todo lo demás. Cuando traté de recordar solo conseguí evocar el sabor de la sal.

Hoy recuerdo una mirada llena de amor, pero no los ojos que la proyectaban. También recuerdo un dulce aroma a perfume mezclado con sudor.

Una mujer llora, se acerca y me abraza fuerte. Las lágrimas que se deslizan de su mejilla a la mía se filtran por la barba hasta llegar a mi boca. Por un instante recuerdo el mar. Le pregunto por qué está triste y ella me dice que está perdiendo todo lo que le importa. Yo le cuento que cada día encuentro más cosas sin nombre.

Andoni Abenójar